Apr14

Los proyectos forestales

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Editorial

14 de abril de 2008

 

La Secretaría de Agricultura y Ganadería de la Nación ha implementado una línea de créditos fiscales para fomentar la implantación de bosques. En Mendoza se han utilizado y los resultados han sido interesantes. Desde la Provincia se intenta sumar este año 1.000 nuevas hectáreas plantadas con árboles. Mientras en el orden nacional existe preocupación por la erradicación de bosques, a punto tal que recientemente se sancionó una ley que determina la suspensión de desmontes, en Mendoza se observa un creciente interés en fomentar la implantación de árboles. A través de una línea de créditos fiscales implementada por la Secretaría de Agricultura y Ganadería de la Nación se impulsa en la Provincia el desarrollo de bosques y la intención es sumar mil hectáreas de árboles en el corriente año.

Se trata de una iniciativa más que importante en razón de que el medio ambiente se verá beneficiado -estaría de más recordar que Mendoza tiene un clima semi desértico- mientras paralelamente se suma una nueva oportunidad económica para quienes han decidido sumarse y solicitar el crédito fiscal, que incluye la exención de impuestos provinciales.

La preocupación por los desmontes de bosques nativos es creciente en el país. Sucede que mensualmente son erradicadas miles de hectáreas de árboles para proceder a la plantación de soja u otros cultivos rentables.

Ello derivó en que se impulsaran iniciativas en procura de defender los bosques nativos y, en ese marco, días pasados la autoridad ambiental de la provincia de Salta ordenó la paralización inmediata del desmonte de una finca de 30 mil hectáreas.

Paralelamente, en el Congreso de la Nación se dio sanción definitiva a la denominada “Ley de Bosques”, que incluye la suspensión de desmontes hasta que cada provincia realice un ordenamiento de sus territorios implantados con árboles.

La norma legal surgió inmediatamente después de que se alcanzara el millón y medio de argentinos solicitando una medida de esa naturaleza y la suspensión tiene un plazo de un año, a los efectos de permitir que cada una de las provincias realice su ordenamiento territorial.
La ley establece criterios ecológicos y categorías de conservación, que apuntan a planificar las actividades forestales, agrícolas y ganaderas, evitando la fragmentación y degradación de los bosques nativos. Reconoce, además, los servicios ambientales que brindan los bosques, tales como la conservación de la biodiversidad, del suelo y de la calidad del agua, la regulación hídrica, la fijación de emisiones de gases de efecto invernadero y la defensa de la identidad cultural.

La norma legal tiene como objetivo fundamental terminar con la erradicación de bosques que durante varios años estaba afectando esencialmente al norte del país.

En Mendoza, afortunadamente, existe una arraigada cultura de defensa de los árboles, a lo que deben sumarse leyes explícitas que prohíben su erradicación. El clima semi desértico, con veranos muy cálidos, impulsa a la gente a plantar árboles, mientras paralelamente surgen iniciativas más que interesantes, como es el caso de los bosques que se observan en el costado oeste de la ruta 40 Norte, donde se implantó un bosque en lo que era un relleno sanitario. Por su parte, desde Irrigación se impulsó en su momento la plantación de árboles en las márgenes de los canales los que servían además de corta-vientos para las propiedades rurales.

La actual operatoria -cuyo plazo se extendió por solicitud de la provincia- impulsa la plantación de bosques a través de un crédito fiscal otorgado por la Secretaría de Agricultura y Ganadería de la Nación. Hasta el momento, este año se ha previsto la plantación de 500 hectáreas de árboles y la intención es sumar otras 500 más, mientras en 2007 hubo plantaciones equivalentes a 1.500 hectáreas.

Nuestra provincia encabeza el fomento a los proyectos forestales en la zona Cuyo (San Juan y San Luis también promueven la implantación y ya están ejecutando planes en ese sentido) y los registros oficiales determinan que los proyectos acumulados, durante los últimos cinco años, alcanzan a los 2,5 millones de pesos.

Los beneficios que los bosques aportan a la biodiversidad y al ambiente en una provincia con las condiciones climáticas de Mendoza y las posibilidades económicas que brinda la madera, determinan entonces que debe continuarse con el impulso a la plantación de bosques, más aún cuando pueden aprovecharse proyectos con amplias ventajas impositivas, como las que impulsa la Secretaría de Agricultura y Ganadería de la Nación.   

Apr11

El Algarrobo: de la tala indiscriminada al aprovechamiento sustentable

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El oeste árido argentino, desde los Valles Calchaquíes hasta Mendoza, ha sufrido una fuerte tala durante la primera mitad del siglo XX como consecuencia de la llegada del ferrocarril, la extracción de postes para el desarrollo de la vitivinicultura y del carbón para el alumbrado urbano. De tal manera que la zona árida ha subsidiado el desarrollo de los oasis irrigados, sin que se reinvierta en su conocimiento y conservación, lo que la ha llevado a sufrir fuertes procesos de desertificación.

Fuente: Dr. Pablo Villagra – Biólogo – Depto. Dendrocronología e Historia Ambiental (IANIGLA) – Inv. CONICET – villagra@lab.cricyt.edu.arLos bosques y las zonas áridas son dos componentes de la naturaleza que parecieran no estar asociados. Nada más alejado de la realidad. Es en las zonas áridas donde el cuidado de las especies arbóreas debe ser más intensivo por ser escasos, raros y ubicarse en situaciones donde no muchas especies son capaces de desarrollarse.

El estudio de los bosques de algarrobo fue tomando importancia a medida que iban desarrollándose las investigaciones y se comenzaba a entender la importancia desde el punto de vista económico, social y ecológico que tiene esta especie (Prosopis flexuosa), arbórea principal de los ecosistemas de desierto en la Argentina. Por este motivo se intenta entender el funcionamiento del bosque para manejarlo y conservarlo.

El oeste árido argentino, desde los Valles Calchaquíes hasta la zona de Mendoza, ha sufrido una fuerte tala durante la primera mitad del siglo XX como consecuencia de la llegada del ferrocarril y la extracción de postes para el desarrollo de la vitivinicultura y del carbón para el alumbrado urbano. Esta tala indiscriminada, produjo un retroceso de los bosques, tanto en extensión como en calidad, ya que se perdieron los mejores ejemplares de esos bosques. Esto trajo aparejado un empobrecimiento de las zonas áridas que subsidiaron el desarrollo de los oasis, sin beneficio ni reinversión en el conocimiento, mantenimiento y conservación de los bosques. De esta forma, la zona árida ha sufrido fuertes procesos de desertificación.

A la espera de nuevos bosques

El crecimiento de un árbol, depende mucho del lugar. Las especies de algarrobo crecen en la mayor parte del país. En la zona Chaqueña (zona subhúmeda), el algarrobo crece bastante rápido. Sin embargo, en la zona de Mendoza, zona árida por excelencia, el crecimiento diamétrico del leño varía entre 2 a 4 milímetros al año. Por lo tanto, un árbol de 30 cm. de diámetro de tronco, puede tener entre 80 y 100 años. Esto significa que el crecimiento es muy lento y, por lo tanto, la recuperación de un bosque implica mucho tiempo.
Al contrario de los árboles frondosos de zonas tropicales, estos son bosques abiertos donde la cobertura arbórea no es continua sino que alterna con áreas cubiertas por los estratos arbustivo y herbáceo y se puede apreciar áreas desnudas de vegetación. Estos distintos parches interactúan formando un mosaico con una dinámica particular muy diferente a los bosques de zonas húmedas, donde la cobertura arbórea es prácticamente total.

Los bosques de algarrobo en Mendoza

En Mendoza hay tres núcleos principales de bosque:
• la zona de Lavalle, donde los “Bosques Telteca” son los más conocidos;
• la zona de Santa Rosa y La Paz donde se encuentra la reserva de “Ñacuñán”;
• la zona de General Alvear que, anteriormente, tenía una gran superficie de bosques pero, últimamente, se ha visto muy afectada por los incendios recurrentes. En consecuencia, el algarrobo queda localizado en sitios donde los incendios no han podido afectarlo, por ej. entre cauces de agua. Esta zona era la de mayor extensión de bosques y hoy debe ser la que ocupa menor superficie.

Tarea de recuperación

Desde el Departamento de Dendrocronología e Historia Ambiental del IANIGLA, en
colaboración con el IADIZA, la Universidad Nacional de Cuyo y otros organismos, se están concretando tres etapas en el estudio de los bosques.

1- Descripción de la estructura, extensión y distribución de los bosques.
2- Análisis de la ecología de los bosques para entender su funcionamiento. Se intenta conocer tanto los factores ambientales que controlan el crecimiento de los algarrobos como el efecto de la presencia del árbol sobre el ambiente y, consecuentemente, sobre el desarrollo de otras especies.
3- Desarrollo de técnicas silviculturales que permitan acelerar la recuperación natural y plantear la posibilidad de la integración de este recurso en los planes de manejo de este ecosistema.

La parte más avanzada es la descripta por el trabajo realizado en los bosques de Catamarca, La Rioja, San Juan y en los tres sitios de Mendoza. Acerca del potencial de estos bosques, se encontró que los ubicados más al norte, presentan árboles más grandes, con una forma más erecta y de mayor tasa de crecimiento por lo que tienen mayor potencial económico desde el punto de vista forestal. En Mendoza, donde los árboles son más bajos, ramificados desde la base y con menor crecimiento, el potencial forestal es muy bajo por lo que debería planificarse un uso múltiple del bosque, es decir un manejo donde la parte forestal sea sólo un condimento más de un manejo integrado.

Entre los aspectos de la ecología del bosque, se han encontrado resultados muy interesantes sobre el rol de esta especie en el funcionamiento de los ecosistemas. Se ha observado que en las zonas más áridas, por ejemplo en Telteca, el algarrobo es una “especie paraguas” que permite la vida y el establecimiento de otras asociadas a él. Además, es quizás la especie más importante en el ciclado de nutrientes del ecosistema debido a la magnitud del aporte de materia orgánica que realiza. De este modo, la relevancia del algarrobo se relacionaría no sólo con el aporte directo de frutos, madera y forraje sino también con el de su contribución al desarrollo de otras especies y al cumplimiento de los servicios ambientales que brindan estos ecosistemas. Como ejemplo, se puede mencionar que en la zona de Lavalle, la presencia de algarrobo aumenta la receptividad ganadera por el incremento en la productividad de los pastos bajo su cobertura.

Respecto de las prácticas silviculturales, se debe tender a desarrollar planes de manejo que incluya la utilización en forma controlada de la leña o postes por parte de los pobladores de la zona, ya que las restricciones totales traen como consecuencia la transferencia de la demanda a otro lugar. Por esto se está estudiando el efecto de distintas alternativas de manejo, incluyendo la reforestación con genotipos seleccionados y el manejo de la regeneración natural. Al mismo tiempo, como los árboles tienen generalmente varios fustes (forma semiarbustiva que tiene 3 ó 4 ramas que salen desde el piso) y forman abundante leña campana (ramas que se secan por sombreo de las superiores), se está evaluando el efecto de la poda de formación y la extracción de leña campana como herramientas de producción. Además, es necesario evaluar cómo pueden estas actividades ser incluidas en un manejo múltiple junto con otras actividades como la ganadería o la miel.